Cuando formulamos un deseo, cuando mentimos o cuando nos encontramos ante un peligro, solemos cruzar los dedos, concretamente el corazón sobre el índice. El gesto que evoca la cruz, conjura la mala suerte y aleja las influencias maléficas, según los supersticiosos.
En las regiones medievales de Europa existía la creencia de que las brujas se transformaban en liebres para sorber la leche materna.
Antiguamente los animales de granja campaban libremente por la casa de sus amos, así la familia aprovechaba su calor. Los campesinos criaban liebres para comérselas y las cuidaban con tanto esmero como a un hijo.
Las mujeres durante la época de lactancia acostumbraban a sentarse en un rincón del hogar y ponerse uno de estos animales, para que las calentara. A cambio, dejaban que la liebre tomara leche de su pecho. Durante la caza de brujas, éstas se transformaban en liebres y se colaban en las casa de los campesinos.
La idea de que la pata de liebre trae buena suerte, nació de la primitiva creencia de que los huesos de sus patas curan la gota y otros reumatismos, así como los calambres. Por ser tan parecidos la liebre y el conejo llegamos a confundirlos.
Antiguamente se hacia la señal de la cruz delante de la boca al bostezar para impedir que el diablo se introdujera en el cuerpo y estableciera en el su morada. De esta costumbre deriva el gesto actual de taparse la boca.
LEVANTARSE CON EL PIE DERECHO
LEVANTARSE CON EL PIE DERECHO
La tradición recoge que para que el día no se tuerza, hay que apoyar en primer lugar el pie derecho. La respuesta a esta costumbre podría provenir de los pescadores del siglo IX, ninguno en su sano juicio subía a bordo por babor, es decir por el lado izquierdo, aunque resultara incomodo hacerlo por estribor(lado derecho) .
Por regla general, todo lo que se refiere a la derecha es calificado de favorable por los supersticiosos, quizás alentados por la tradición bíblica, que dice que la derecha corresponde al camino que lleva al paraíso y es la posición en la que están los elegidos sentados al lado de Dios.
La izquierda en cambio representaba el reverso de la moneda. Los romanos, por ejemplo, hacían presagios observando el vuelo de los pájaros: los que lo hacían hacia este lado eran de mal agüero.
En latín izquierda se dice sinester, que dio origen al adjetivo siniestro.
Es una de las más citadas en todo Occidente cristiano, quizás por su uso adivinatorio. La catoptromancia, es decir, el arte de adivinar por el espejo, procede de Persia y, aunque tuvo un relativo éxito en la antigua Grecia y en la Edad Media, fue duramente perseguida por la Iglesia.
Es probable, sin embargo, que estas supersticiones obedezcan a la idea de que nuestro reflejo es otra versión del original y , si causamos desperfectos en el, nos hacemos daño a nosotros mismos. Así dañar el espejo es dañar el alma, y aquí es donde entra la superstición de que la rotura de un espejo trae mala suerte durante siete años. Este periodo se debe a la creencia de que el cuerpo experimenta una cambio en la constitución cada siete años .
TOCAR MADERA
Antes de Cristo, los pueblos célticos de Europa rendían culto a los arboles por considerarlos la principal representación de los dioses en la Tierra: En casos de mala suerte el sacerdote druida celebraba una serie de ritos y ensalmos en las llamadas enramadas sagradas, lugares que equivalían a las modernas iglesias.
También se dice que la superstición referente a la madera, nace del material con el se hizo la cruz de Jesús.
A mi, personalmente la que mas me convence es que los monjes colonizadores llevaban cruces de madera y cuando tenían algún problema la tocaban.
Ésta y otras supersticiones asociadas a las escaleras vienen relacionadas con el miedo al patíbulo. Antiguamente, debido a la gran altura que éste solía tener, había que usar una escalera de mano para colocar la soga en la posición correcta, así como para retirar después el cadáver del reo. Cualquiera que pasara por debajo de la escalera corría el peligro de encontrarse con el muerto.
En el mundo del misticismo, los gatos son portadores de un poder mágico infinitamente superior al del hombre. Con toda probabilidad, esta creencia deriva de la adoración a la diosa Bubastis, con forma de gato, por parte de los antiguos egipcios. Éstos estaban convencidos de que los gatos tenían alma, y prueba de ello son los restos momificados de estos felinos, que se cuentan por millones, hallados en las excavaciones arqueológicas.
En la Edad Media, las brujas convirtieron al gato negro en un elemento imprescindible para efectuar sus rituales y hechizos. Hoy en día, los supersticiosos temen al gato negro que se cruza en su camino. Este hecho representa con claridad el conflicto que existía entre la Iglesia, la cruz y las practicas paganas de la brujería.
Desde tiempos remotos, el número 13 ha sido fatídico, debido principalmente a la muerte violenta que sufrieron varios dioses decimoterceros de la Antigüedad y, ¡cómo no!, a la suerte del decimotercer invitado en la Última Cena.
Por otro lado, el viernes adquirió en el mundo sajón su reputación de día nefasto, debido a la muerte de Jesús. Obviamente, la coincidencia del numero 13 y del día viernes no puede ser de peor agüero.
Los egipcios y griegos veían en el estornudo un augurio. Así, era bueno estornudar por la tarde, mientras que hacerlo al saltar de la cama o al levantarse de la mesa podía ser nefasto. Aquel que había estornudado al nacer era tenido por dichoso. El estornudo hacia la izquierda era un signo de mal agüero, pero de bueno, hacia la derecha. En todos los casos, los griegos exclamaban la expresión ¡Salve! ante tal circunstancia; y serían los primeros cristianos quienes sustituyeron la invocación a dioses paganos por el suyo.
Durante la epidemia de peste que hubo en Roma en el año 591, los afectados morían estornudando, y se les decía ¡Dios te bendiga!, que más tarde se simplificaría diciendo ¡Salud! ó ¡Jesús!.
También se pensaba que al estornudar, se escapaba el alma y diciendo ¡Jesús!, volvía a su sitio .
Procedente de Italia , la creencia de que las herraduras atraen la buena suerte era muy tenida en cuenta por las gentes de los pueblos. Clavada o colgada en una puerta, este objeto atraería las energías del cielo. La herradura simboliza la fuerza del caballo y su enorme utilidad, al menos en tiempos pasados, en las labores del campo y en las guerras. Vuelta al lado derecho y en posición horizontal representa la C, inicial de Cristo.
Mala suerte, si esto te ocurre al manipular el salero, a menos que te apresures a tomar un pellizco y arrojarlo por enzima del hombro izquierdo "directamente a la cara del diablo". Porque este el sitio desde que Pedro Botero, espera paciente a que nuestra naturaleza pecadora renuncie al alma para siempre. La sal arrojada no tiene otro fin que cegarle temporalmente, para que el espíritu tenga tiempo para volver a quedar afianzado por la buena suerte.
Desde la Grecia antigua, la sal ha tenido un gran poder simbólico: procede de la Madre Tierra, del mar; las lágrimas y la saliva son saladas y conserva, condimenta y embellece los alimentos.
La oreja es objeto de numerosos simbolismos entre las civilizaciones orientales y africanas: representa desde la inteligencia cósmica del mito hindú de Vaishvánara, hasta la sexualidad para las tribus drogon y bambara, de Malí. Curiosamente, entre los chinos, las orejas largas son signo de sabiduría e inmortalidad. Se dice que las orejas de Lao-tse medían unos 17 cm.
Muy probablemente, nosotros hemos heredado de alguna forma esta costumbre supersticiosa. Tirando de las orejas, manifestamos el deseo de que la persona felicitada tenga larga vida y adquiera cada vez mayor sabiduría.
La antiquísima costumbre de vestir de negro en los funerales, muy extendida en toda la cultura occidental, pretende significar una manifestación de respeto hacia el difunto. Sin embargo, la procedencia de esta tradición no está tan clara. Distintos estudios antropológicos coinciden en señalar como su posible origen el miedo ancestral de los vivos a ser poseídos por los espíritus de los muertos. Así, los hombres primitivos pintarían en los ritos funerarios sus cuerpos de negro para impedir, al quedar camuflados, que el alma del fallecido encontrara un nuevo cuerpo donde asentarse.
Esta hipótesis es corroborada por el hecho de que los habitantes de ciertas tribus africanas cubran su piel con cenizas blancas en los funerales, escondiendo así el color negro de su piel a la vista de los espíritus. Algo parecido sucede también en la India, donde tradicionalmente el color del luto es el blanco, en contraposición a la tez morena de sus habitantes.
Ningún supersticioso tendrá jamás la osadía de abrir el paraguas dentro de casa.
El origen de este temor se remonta a la época en que los reyes orientales y africanos lo usaban sólo a modo de sombrilla.
Debido a su conexión con el astro rey y por que también su forma simboliza el disco solar, abrirlo dentro en un lugar sombreado, fuera de los dominios del sol, era considerado un sacrilegio.
Es probable que la superstición se reforzara cuando los paraguas llegaron a Europa y empezaron a ser empleados casi exclusivamente por los sacerdotes en los oficios de los difuntos, sin otro fin que protegerse de las inclemencias del tiempo.
Antiguamente, la gente crédula buscaba entre las sombras que proyectaban los troncos que ardían en la chimenea la imagen de una silueta humana sin cabeza. Esto significaba que la persona que la proyectaba moriría antes de la próxima víspera de Navidad. Éste era el plazo para los cristianos, pero en épocas anteriores se utilizaron otras fechas celestiales o estacionales.
Las interpretaciones más antiguas del cuerpo y el alma afirmaban que la segunda podía, bajo determinadas circunstancias, abandonar la envoltura carnal y alejarse de camino a la otra vida. Para las culturas más primitivas, el alma estaba conectada a las sombras, cuando no eran la misma cosa. Una de las circunstancias en las que la persona podía perder el alma sucedía cuando un vampiro se acercaba por detrás y clavaba la sombra de la víctima en la pared. De este modo el ente maligno tomaba posesión del cuerpo
La sombra de los difuntos también había que protegerla de posibles infortunios. En la Europa medieval existía la creencia de que, si una persona moría por la noche y su espíritu- o lo que es lo mismo, su sombra- se alejaba, existía el peligro de que se cruzara con un río, o un lago y si no podía llegar a la otra orilla, la sombra volvía al cuerpo del dueño y este se convertía en un muerto ambulante. De ahí nació la costumbre de tapar los barriles que contienen agua de lluvia y el afán de algunos pueblos por construir puentes.
Es superstición entre los actores sobre todo de teatro no salir a escena con ropa amarilla, ya que puede conducir al fracaso o a cosas peores. La razón de este miedo escénico reside en el dramaturgo y actor francés Jean-Baptiste Poquelin (1922-1973), llamado Molière.
En febrero de 1673, Molière estrenó el ballet-comedia El enfermo imaginario, que toma por blanco de su sátira a los médicos. Pocos días después de estreno, en plena representación, el dramaturgo se sintió indispuesto, y murió unas horas más tarde en su domicilio. En la representación, Molière vestía ropas de color amarillo.
Hola que tal. Gracias por visitar mi space. Espero que te haya gustado.
ResponderEliminarEl tuyo le tines muy interesante. Tines unos albunes de fotos muy bonitos, ami me gusta mucho la fatografia.
Pasaré a visitarte pronto.
Un saludo.
Hola! :) ¿Qué tal estáis? Nosotros lo pasamos muy bien en el concierto! :) Me gustan mucho las fotos que tenéis. A mí me gustaría mucho ir a Alemania. Esta entrada del blog me ha chocado, me gustan las curiosidades así :)Bueno, mañana nos vemos. Besicos
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